Wednesday, August 23, 2006
Thursday, August 10, 2006
Estimado lector:
No se si en el lugar en que te hallas al momento de leer estas líneas, una lluvia melancólica golpea contra tus ventanas o si, por el contrario, un día de sol lujurioso te otorga esa sensación de vivir plenamente tu existencia. No se si te hallas entre montañas o valles, si te hallas en una llanura o navegando mar adentro, o si por el contrario te sitúas en el piso 43 de un alto edificio de alguna gran ciudad.
En fin, no importa donde te encuentres, lo importante es que hoy inicio esta página, que ruego me sepas dispensar algunas falencias por cuanto aún no domino plenamente todos estos artilugios mágicos de internet, pero tengo la osadía de arrojarme a estos dominios electrónicos con el valor de pertenecer a la estirpe de los hombres de la máquina de escribir; sí, de aquellas viejas máquinas tecleadoras y ruidosas, que robustecían nuestros dedos y entre el ruido mecánico del tecleo a nuestra mente y espíritu le daban un desarrollo inestimable.
Y bien, esto es una presentación. ¿Qué ofreceré? Poemas, pensamientos, cuentos breves y todo aquello que nos ayude a vivir en este mundo y si es posible, pese a todo, verlo mejor. Por ahora te dejo un poema.
Yo fuí otra voz
una puerta abierta
donde clamaba la luz,
donde entonaba cantos
porque ahí estabas tú.
No fui otras voces,
ni los gritos, ni murmullos.
Sólo murmuré pasmado
con ésta, mi propia voz
lo que te había amado.
Y ahora siento la voz
mil clamores detenidos
en mi garganta apretada,
que quieren ser un solo clamor
para decir todo lo que te amaba
Rubén Mattiazzi
